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EL ANÁLISIS por Edward Piñón
Buenas, bastante buenas si se toma en cuenta que hacía cuatro meses que no se juntaron, fueron las señales que mandaron los jugadores de la selección uruguaya en el último examen premundialista de rigor.
El primer y más alentador mensaje enviado hacia la afición es que el equipo está en condiciones de jugar bajo las exigencias del fútbol moderno. Tocar la pelota en corto, asegurar el control y darle ritmo a la progresión en la cancha es algo que se logró con eficiencia ante una selección suiza que estará en la Copa del Mundo.
Pero hubo más ejemplos alentadores. Como el de la ratificación que en el arco hay unas manos que responden con firmeza ante los envíos aéreos. Y el otro gran punto que eleva la confianza en lo que va a venir fue el de la confirmación de la valía que tiene Uruguay en su dupla atacante.
Con Forlán y Suárez encendidos, Uruguay tiene una ofensiva de peso. Capaz de liquidar a cualquier oponente.
Habrá que mejorar algunos aspectos, como la progresión de los laterales y el juego aéreo, pero tendrán el tiempo para hacerlo. Se puede creer.
Ovación digital
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