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EL ANÁLISIS por Edward Piñón
Ojalá que no aparezcan los vivos
La amenaza de discordia política está sobre la mesa. En realidad, es más que amenaza porque según cuentan ya se enviaron algunos dardos "envenenados" hacia la sede de la calle Guayabos y, particularmente, hacia el presidente Sebastián Bauzá.
Claro, las fechas de las finales son difíciles de ajustar con la Copa Libertadores (si se da el caso que Nacional sigue en carrera) y mucho menos con las citaciones del maestro Óscar Tabárez.
Entonces, el embrollo se hace grande porque Peñarol siente que una postergación de la serie le implicará un perjuicio deportivo más grande del que pueda tener Nacional; por aquello de que tienen mayor incidencia en su equipo nombres como Egidio Arévalo Ríos y Gastón Ramírez, que lo que repercute en los tricolores las bajas de Sebastián Coates y Álvaro González.
Pero, del otro lado ponen el grito en el cielo si a los muchachos de la Mesa Ejecutiva se les llega a ocurrir fijar la primera final para el viernes 7 de mayo. Jugando el 5 por la Copa no dan los tiempos.
Lo único que hay que pedir es transparencia, deportividad y, fundamentalmente, cero viveza.
Ovación digital
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