DANIEL ROSA
Ricardo Alarcón está desconsolado. Basta con mirarle la cara para darse cuenta que el presidente de Nacional no encuentra consuelo. "¡Qué barbaridad!", repite entre dientes y con los ojos vidriosos mientras ve cómo la carroza fúnebre arranca desde la sede tricolor. Está al borde del colapso físico, porque por prescripción médica debe guardar reposo y en los últimos cuatro días ha estado rodeando a la familia de Diego Rodríguez. "Casi no he dormido", cuenta.
Toma fuerza y trata de engarzar alguna frase que, como presidente del club, se ve obligado a decir. "Hemos perdido un hijo", logra expresar. Se toma un tiempo y sigue: "Esto es algo muy duro, tanto que ni siquiera existen palabras para catalogarlo. Si uno pierde a sus padres es huérfano o si pierde a su pareja es viudo, pero no hay un término para los padres que se quedan sin un hijo. ¿Sabés por qué? Porque es algo que no debería ocurrir. Es sencillamente una injusticia".
Alarcón sostiene que la pérdida no sólo es de la familia o de Nacional. "El deporte de nuestro país pierde a un chiquilín divino, sano, humilde, lleno de alegría".
Trata de que la pérdida del "Oreja" no sea en vano y rescata lo positivo. "Ojalá esto nos sirva para que todos tomemos consciencia del peligro que significa hoy andar en la calle, porque eso es responsabilidad nuestra. También quiero destacar la actitud que tomó el fútbol uruguayo, cómo nos unimos en estos momentos difíciles. Ha sido brillante".
La vida del club sigue. "Ahora debemos pensar en el mejor homenaje y creo que debe ser apretar los dientes y seguir trabajando para que los sueños de Diego se vean plasmados en las generaciones futuras", puntualizó Alarcón.