|
||||||||
JUEGO DE COPAS por Jorge Savia
Si no fuera por la clasificación, sería patético; o casi. Es que no está demás ahora cotejar todo lo que se habló antes del partido con Argentina acerca de la integración de un equipo celeste que a muchos les parecía con escasa ambición atacante, y lo que se fue diciendo con el correr del segundo tiempo respecto a la rigidez de Tabárez para hacer cambios, con la euforia que desató después el triunfo por penales.
A esta altura, por más joven que sea, el hincha debe saber, porque la historia (antigua y moderna) se lo enseña, que -al menos cuando enfrenta a una potencia, y Argentina lo es; si está mal organizada es un tema aparte- no hay hazaña del fútbol uruguayo si:
1) El arquero celeste no es el mejor jugador de la cancha; 2) A Uruguay no lo salvan, al menos una vez, los caños de su arco; 3) El rival no domina cancha y pelota en forma casi hasta desproporcionada; y 4) No queda la sensación de que el adversario tiene individualidadestécnicamente superiores y que hasta fue merecedor de un mejor resultado.
Todo lo demás que digan los modernos trovadores que componen musas en favor de un estilo más audaz y menos autero, es válido y respetable; pero carece del respaldo de la realidad, que es lo único que cuenta. Y vale.
Lo de Santa Fe, pues, fue una lección de historia, en el sentido de que la identidad del fútbol uruguayo es la de ese planteo que no gustaba antes del partido y tampoco durante, cuando una mayoría pedía que entrara el "Cebolla" o Abel Hernández por un volante; y hay que aceptarla cuando la pelota pega en el palo y entra, no sólo cuando pega y sale.
Ovación digital
| « volver |