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El análisis por Jorge Savia
Y a está. Lo de la Copa América no lo borra nadie. Ni dentro de poco, cuando la cotidaneidad del Apertura y la Sudamericana lo vayan empujando hacia el pasado, ni el paso de los años.
Es que, con el tiempo, será historia. Acá y en el resto de los países latinoamericanos, donde hoy se puede verificar la admiración y hasta la envidia -según lo expresaron caracterizados columnistas de varios medios continentales- que "recuperó" el fútbol uruguayo.
Ahora bien. Ninguno de esos sentimientos está inspirado en la exquisitez técnica, ni en la vocación ofensiva, por más que en esos rubros se alabe el nivel de figuras como Forlán y Suárez. Es más, al pasar se deja sentada una mención a la austeridad del equipo de Tabárez.
Esa identidad internacional, entonces, viene a ser el pasaporte. Lo que falta ahora es sacar la cédula, el documento filiatorio de entrecasa. Discernir internamente qué estilo le conviene más al fútbol uruguayo, y menos a los rivales; y, en aras de eso, asumir -por ejemplo -que jueguen el "Tata" o Eguren, aunque para uno sería más lindo si lo hicieran el "Cebolla" o Abel Hernández.
¿Y vos qué decís?
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