JORGE SAVIA
Ah, claro, los tiempos cambian. Hoy por hoy, por sus integraciones, por logros, por participaciones y figuraciones en la Libertadores, la experiencia "copera" -y hasta de Eliminatorias- de sus jugadores, es Liga Deportiva Universitaria de Quito un equipo "de Copa". Lo de Peñarol, aunque muchísimo más rica y más gloriosa, es historia.
Se notó anoche. En la forma cómo defendió el conjunto ecuatoriano en el primer tiempo y hasta en cómo llegó a manejar la pelota y descomprimir el asedio aurinegro, en el segundo.
Ahí, entonces, puesto frente a ese escollo, estuvo el gran mérito de Peñarol que, quizá por eso mismo, y por la precisión del remate de Aguiar que decretó la trabajosa victoria, concretó un muy importante triunfo. Por lo que fue el rival, poco profundo, cierto, pero con personalidad, sereno, ducho para el toque de pelota, y por lo que representan los tres puntos para la tabla de posiciones del Grupo 8, ya que en cualquier caso -cualquiera sea el resultado de hoy entre Godoy Cruz e Independiente- los aurinegros van a culminar la primera ronda al tope, en forma compartida o solos, teniendo que jugar dos partidos de local, y uno solo de visitante, en la segunda.
Esto es: bien plantado, saliendo por las puntas, tuvo casi siempre un error fundamental que abortó los arranques de Urretaviscaya por la derecha, las subidas de Corujo por esa misma zona, el empuje de Mier por la zurda, y algunas combinaciones de cualquiera de ellos, y del propio Olivera, que contaron con el inteligente punto de apoyo de Pacheco en varias ocasiones; pero todos los nombrados adolecieron de una llamativa imprecisión en el momento de la definición, de la última jugada, o incluso de la penúltima.
Sin embargo, Peñarol también se vistió de equipo de Copa; porque no se enloqueció, no se estiró, no perdió la línea, y ni siquiera se dejó llevar por el empuje de los 50.000 hinchas que invitaban a atacar con desesperación, "a lo loco", mediante el aliento que bajaba de las tribunas.
Es más, Peñarol no ganaba de arriba en el área rival porque -por lo general- la corpulencia de Olivera fue neutralizada por dos zagueros centrales de gran estatura, y también se mostró poco "fino" para rematar las segundas pelotas que provocaron en el fondo adversario la velocidad de Urretaviscaya, el buen pie de Pacheco, el forcejeo de Olivera y las pasadas al frente de Corujo.
Peñarol atacaba, cierto, pero el gol no se veía "maduro"; y menos aún en el complemento, donde Liga pareció hacerse un respiro mayor que en los primeros 45`. Igual, no se enloqueció, no perdió la brújula, y justo cuando Aguirre se aprestaba a apretar el acelerador, sacando a Mier para darle ingreso a Estoyanoff, llegó el gol. El de la precisión para ejecutar al rival, que había faltado hasta entonces. El de un triunfo importante, de un equipo con historia, sobre otro de Copa.
La prueba está: Aguirre, que hizo y consiguió que su equipo jugara un fútbol relativamente prolijo hasta llegar a la definición, demostró al final cómo eran realmente las cosas y, ya sobre el final, cuando 30 segundos pueden valer oro, hizo entrar a Albín por Urretaviscaya. Sacó a un delantero para poner a un marcador de punta.
Es que, por historia, el equipo de Copa era Peñarol; pero en el presente, comparando las integraciones, ese rótulo era de Liga. Y lo importante es que Peñarol le ganó, poniéndose una ropa que tan bien le sentó en épocas de gloria.
Las cifras
12 partidos jugó Peñarol por la Libertadores como local ante rivales de Ecuador: ganó todos.
2 convirtió Luis Aguiar en la Libertadores; hizo la mitad de los tantos aurinegros.