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Nacional hizo que Liverpool pareciera un adversario fácilPráctica de final
JORGE SAVIA
Fue una fiesta. Total. Adentro y afuera de la cancha. Por el fútbol de Nacional -revalorizado por la rebeldía y la reacción de Liverpool, al fin y al cabo- y por la alegría y el fervor con los que la hinchada tricolor celebró, tanto lo que estaba viendo, como lo que disfrutaba y, más aún, quizá, por la importancia de lo que el cuadro de sus amores estaba logrando.
Además, al menos en lo previo, Liverpool -de buena campaña- no era un rival fácil, como terminó demostrándolo; pero lo cierto es que este Nacional contundente, lujoso y vistoso, sobre todo por su "forma de expresarse" en el plano atacante, hizo que lo pareciera, y más aún: de entrada, nomás, que el partido casi se pareciera a una práctica.
Es que de un lado, Recoba llevaba la batuta con la magia de sus pases; Viudez desequilibraba con la precisión de sus habilitaciones penetrantes; Calzada y Matías Cabrera armaban la ofensiva, y también llegaban para terminarla, con tanta claridad como clase; "Pichón" Núñez se sumaba a esa cooperativa aportando su cuota de incontenible pujanza; y, cuándo no, Porta era la válvula de escape de todo ese fútbol desestabilizador, y por ráfagas elegante, con la eficacia propia de un goleador nato: nada más ni nada menos que el del Uruguayo, ¡pese a haber dado 12 partidos y pico de ventaja!
Del otro lado, en cambio, estaba un equipo que en el mediocampo, y sobre todo atrás, hacía agua por todos lados, razón por la cual atacó en forma aislada.
Así fue el partido, pues, hasta que empezaron los cambios: como una práctica, por la soltura con que Nacional vulneraba a la defensa contaria. De ahí, la fiesta. en la que el variado repertorio del cancionero partidario tricolor-incluídas las piezas dedicadas al tradicional adversario- "calentó" las gargantas.
Lo que pasó tras los cambios, y no por quienes entraron, sino por lo que habían gravitado los que salieron, hizo que el de ayer para el local se pareciera aún más a uno de esos partidos de entrenamiento donde el equipo titular se afloja con las variantes, pues la reacción de Liverpool, con una ofensiva que descubrió ciertos desajustes en el fondo adversario, contribuyó a que fuese aún más fuerte, más exigente, la práctica previa a la final del Uruguayo.
tarjetas amarillas sacó el juez: Pereira, Melo, Píriz, Placente, Rolín, Carlos Núñez y Castillo.
Fino, punzante y gravitante: con sus pases, gestó las jugadas de tres de los cuatro tantos.
Ovación
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