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De la calidez del escenario del último campeón inglés a los protocolos de Old Trafford
MANCHESTER | EDWARD PIÑÓN
De un lado: los de celeste. Con un entusiasta guía turístico que se enorgullece de presentar a glorias del pasado. Que no oculta el brillo de sus ojos cuando habla de su escudo, de su camiseta, de sus éxitos y de aquel arquero que fue más héroe en la cancha que el papel que le tocó cumplir en la Segunda Guerra mundial.
En el otro rincón: los de rojo. Con un guía turístico que no sabe para qué es la acreditación que tienen colgada de sus cuellos los periodistas uruguayos. Que todavía no se enteró que "all" es un permiso que se concedió para entrar a todos los escenarios deportivos. Que no puede hablar de su equipo porque del otro lado del teléfono le avisan que no hay cabida para la prensa.
En una punta, el Etihad Stadium del Manchester City que se quedó afuera de la competencia olímpica pero que defiende como nadie el espíritu que fomentaron viejas leyendas del universo deportivo y sobre todo las máximas autoridades como el Barón Pierre de Coubertein.
En el otro extremo, Old Trafford y sus protocolos indestructibles, sus portones con candados más enormes que los que se ponen en las rejas de los alrededores y con guardias de seguridad a los que les cuesta encontrar la mejor respuesta para impedir cumplir con una tarea que nunca antes se vio frustrada.
Está claro, el Manchester City es un campeón y volvió a ganarle por goleada al United. Quizás no para algarabía de su afición como en aquella tarde del 23 de octubre de 2011 con el 6-1, pero si para los enviados de Ovación que pudieron recorrer sus instalaciones.
Y ese recorrido, por cierto, fue tan deslumbrante como el cálido recibimiento que se ofreció. El ingreso por la sala de prensa que se montó para las entrevistas posibilitó encontrarse con una cabina especial para las entrevistas radiales, a los efectos de que no se filtre ningún ruido y la salida al aire sea bien limpia. Un salón con asientos, respetando la medida standard solicitada por la UEFA, y todos con conexiones para computadoras, internet. Capacidad para albergar a 300 personas, dos pantallas gigantes y mucha decoración celeste.
En su avance por el escenario, Steve Worthington demuestra que la viveza criolla ya llegó a Manchester. Por ejemplo, ya no existe aquel lugar predestinado para el calentamiento de los visitantes. Se cansaron de ser los únicos que tributaban ese tratamiento a los ponentes y esa sala ahora se transformó en un recinto para que los jugadores puedan acomodarse tras el cotejo, cenar o comer algo.
Naturalmente que no es una sala común, porque está decorada con estatuas y posters de grandes figuras del equipo. El gran símbolo es el otrora arquero alemán Bert Trautmann. La razón por la que ese jugador permanecerá para siempre dentro del Etihad Stadium: fue prisionero de guerra alemán que decidió quedarse en Inglaterra y en 1956, en la final, jugó con el cuello fracturado.
La lesión se le produjo a falta de 17` para finalizar, después de tirarse abajo para contener una pelota. Un adversario del Birmingham le pegó duro y al final del cotejo se dieron cuenta que había sufrido una triple fractura.
Rincones para emocionar al hincha sobran. La historia está en cada pared, en cada pasillo y en cada puerta. Pero no hay ninguno igual al que contiene a la última copa de la Premier League. El trofeo está protegido por una secuencia de fotos y resultados de cada uno de los partidos que terminaron permitiéndole al City ser el mejor de Inglaterra. Es una línea de tiempo que sobresale mucho, especialmente en recuerdo especial para el 6-1 sobre el Manchester United.
Y luego sigue: la zona de calentamiento con trece bicicletas adaptadas para cada uno de los futbolistas. Los vestuarios con la foto de cada jugador, sala de videos para el cuerpo técnico. Y el gran camino hacia la gloria. O, como reza el lema del club que se ofrenda desde el arcada, el "orgullo en la batalla". De ahí a la cancha, no sin antes sentir el aliento de la gente que suena por los altoparlantes y que fue grabado para que el visitante sienta el impacto antes de meterse en el campo.
Y si lo de adentro fue encantador para los amantes del fútbol, mucho más lo es el campo de juego y las tribunas que albergan a 48.000 aficionados en butacas celestes. Entre tanta seriedad sobre la presentación, hasta hay tiempo para la broma. Fundamentalmente si se trata del adversario de todas las horas: "Si hay algo de chicle en el suelo es por lo que tira Ferguson".
Lo que será recordado por mucho tiempo en los hinchas del City y está bien guardado en sus corazones, más allá del enorme y emocionante triunfo final que le permitió quedarse con la Premier Legue, fue la imponente goleada contra el rival de todas las horas: el Manchester United. Fue por 6 a 1 con una imponente actuación del argentino "Kun" Aguero, quien convirtió un gol y del carismático Mario Balotelli, que anotó dos golazos.
Ovación







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