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El caos de afuera del estadio derivó en grandioso espectáculo
LONDRES | EDWARD PIÑÓN
Vaya para allá. No, para el otro lado. Es por esta puerta. Caminos cerrados, gente que informó mal, otra que puso todo el empeño del mundo pero sin la idea de cuál era el lugar para los medios de comunicación. Carteles con flechas que indicaban que la puerta de salida del subte era la que estaba a la derecha y que para ir al Parque Olímpico había que tomar ese corredor. Un voluntario que megáfono mediante decía que el camino era el contrario de la flecha.
Locura total. Desorden, todo complejo y raro, tratándose de un país como Inglaterra. Entre tanto caos, lo mejor lo puso la gente que se disfrazó. Como los británicos que se pusieron trajes decorados con lentejuelas y teniendo la bandera de Gran Bretaña de pies a cabeza. Como ellas, que hasta lucieron sus enormes tacos con los colores de su patria.
Muchas caras sonrientes, muchas sonrisas angoleñas, aunque cargaban enormes bolsas de su paso por las tienda Sport Direct. Gente sacándose fotos, subiendo por una prolongada escalera después de caminar un montón desde la terminal de Stanford para encontrar los enormes carteles que invitaban a dirigirse al Parque Olímpico.
Controles rápidos, avance veloz y más caminata al aire libre. Encontrándose oficiales con ametralladoras, más gente divertida con ropa de todo tipo. Los más elegantes de traje formal, acompañados por bellas damas de largo. Los más locos, con sombreros sorprendentes, elevados, chatos, alargados, de colores, llenos de pins, con carteles a su alrededor. Todos apurándose para no llegar tarde. Para meterse en el mundo más deseado, el teatro del Olimpo.
Ya adentro del estadio, canta Frank Turner con su guitarra en medio de la campiña británica que se construyó en el escenario Olímpico y la gente acompaña con palmas. Te invitan a pararse, lo hacen todos. Te invitan a agitar las manos, nadie falla. Delante de cada butaca hay un sistema conectado a una red que es la que ofrece los colores que se ven en las tribunas. Las luces se encienden y cambian de color de manera constante. No hay kit especial como en otros Juegos, no es necesario porque la tecnología solucionó todo. Si quieren que ese aparato se mueva, hay que sacarlo de la butaca y se terminó el dilema. Todos tienen lentes de 3D. El show prometía ser grandioso.
23 toneladas Era el peso de la campana olímpica situada en el estadio.
15.000 a ayudar Fueron los voluntarios presentes en la inauguración.
2 presidentes Latinoamericanos estuvieron presentes en la ceremonia: Dilma Rousseff y el panameño Ricardo Martinelli.
965 al tamboril Ese fue el número de tamborileros que no pararon de tocar durante todo el desfile.
Ovación





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