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Brasil priorizó su ilusión de ganar el único título que le falta y no jugó como el público esperaba. En partido "de ajedrez", los norteños contragolpearon y Menezes se impuso en la batalla táctica.
MANCHESTER | AP, AFP Y ANSA
Sin exhibir su juego bonito y sin demasiado esfuerzo, Brasil derrotó a Corea del Sur 3 a 0, lo dejó sin su invicto de 19 partidos, y jugará la final de fútbol de los Juegos.
El volante Rómulo anotó el primer gol a los 38 minutos al recibir un pase de Oscar, cuya calidad técnica iluminó un melancólico encuentro de semifinales en el que la selección brasileña no lució pero fue contundente.
El delantero Leandro Damiao elevó a seis su cuenta de artillero en los Juegos Olímpicos, al marcar dos goles, a los 57` y 64` respectivamente. El primero de su cosecha fue un tiro rasante tras un centro atrás del desequilibrante Neymar, que en la víspera no anotó pero participó en las jugadas previas de los tres goles. La tercera conquista, también fue una maniobra del jugador de Santos, que Leandro Damiao remató cruzado.
Los 75.000 aficionados que fueron al l legendario estadio de Old Trafford se quedaron con las ganas de disfrutar de la destreza y genialidades del elenco brasileño que se sumergió en una batalla táctica y extremadamente cautelosa con los surcoreanos, que disputarán el bronce ante Japón.
El técnico brasileño Mano Menezes le ganó la batalla táctica al coreano Hong Myung Bo. Si bien los goles los convirtieron Rómulo y Leandro Damiao, la planificación del entrenador tuvo esta vez mucha influencia aunque fue mezquina con el espectáculo.
Con un planteo de laboratorio, de pizarrón, que los jugadores brasileños habían anticipado en sus comentarios en las redes sociales, los norteños hicieron el juego de Corea del Sur. Le regalaron la pelota y lo contragolpearon.
Por eso el partido era muy aburrido, un ir y venir de la pelota de un lado al otro o algún pelotazo largo fácil para los defensas, porque los asiáticos no asumían el protagonismo del partido.
Sólo las salidas en falso del portero brasileño Gabriel o algún pase defectuoso de Rafael rompían la monotonía del partido que parecía de ajedrez. Menezes resignó un delantero al no incluir a Hulk y colocar a Alex en la doble función de asistir los avances por izquierda de Neymar y alternarse en la marca con Marcelo.
Ahora, Brasil aparece como el gran favorito para la final que se jugará el sábado en Wembley frente a México. Neymar y sus compañeros intentarán conseguir el único título que falta en las vitrinas del penta campeón mundial: el oro olímpico.
Para México, cuyo mejor resultado fue un cuarto puesto en los Juegos Olímpicos de 1968, que se llevaron a cabo en tierra azteca, la del sábado es una oportunidad única. Como ya adelantó su técnico, Luis Fernando Tena, no piensan conformarse con la plata e intentarán pasar a la historia.
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