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Se demoró el ingreso y Damiani exhortó a vivir clásico festivo
CARLOS MONTAÑO
La tarde fue agradable, el partido vibrante y tuvieron el entorno, aceptable. No hubo desórdenes. Los controles fueron estrictos. El encuentro comenzó con siete mil personas (aproximadamente) en las tribunas que finalmente albergaron unos 12.000 espectadores.
El ingreso del público se enlenteció. Hubo largas colas. Los hinchas deberán avenirse a la nuevas medidas de seguridad. Los cacheos y los test de la alcoholemia fueron y seguirán siendo rigurosos hasta el epílogo del Torneo Apertura.
El calor fue sofocante. El juez paró el partido en dos ocasiones para que los jugadores hicieran una pausa y tomaran agua, mientras los hinchas de Peñarol estaban al borde de un ataque de nervios porque se alejaban otra vez de Danubio y Nacional. También quedaron sedientos de goles y en ese contexto de sumo fastidio se la agarraron con Juan Ramón Carrasco, al que insultaron en coro desde la tribuna Colombes.
Peñarol estrenó una nueva camiseta, pero sin suerte en el resultado adentro de la cancha.
Omar Pérez fue el primero en llegar al vestuario. No pudo contener el llanto. Quedó afuera del partido clásico, el más apasionante para un futbolista. Los principales dirigentes del oficialismo respaldaron a jugadores y técnicos y Juan Pedro Damiani exhortó a bajar la pelota y a vivir una fiesta ante Nacional.
Ovación digital
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