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JORGE SAVIA
Hoy por hoy y, también, por qué no, desde mediados del año pasado, cuando se concretaron sus retornos para el comienzo del Torneo Clausura de la temporada 2007/2008, Antonio Pacheco y Carlos Bueno -por separado, y más aún juntos- "son Peñarol". Y más todavía si se los considera en el contexto de todo lo que significa un clásico como el del domingo próximo.
La apreciación, incluso, está por encima de los datos estadísticos y de sus propias trayectorias, que -por ejemplo- establecen que desde el 12 de junio de 1994 a la fecha, Pacheco jugó 40 partidos oficiales contra Nacional, ganó 23, perdió 9, empató 8 y metió 7 goles, mientras que desde el 7 diciembre de 2000 al presente, Bueno actuó en 17 encuentros oficiales contra el tradicional adversario, ganando 7, perdiendo la misma cantidad de cotejos, empatando 3 y convirtiendo 8 goles.
No se puede obviar lo anímico. Lo relativo a la personalidad. En ese aspecto, inclusive, la gravitación de ambos ha sido siempre enorme: jugadores simbólicos de Peñarol en general, lo son todavía más en materia de clásicos, en donde es difícil encontrar alguna mala actuación de uno de ellos, aún en los casos de victorias tricolores.
Sin embargo, el aporte futbolístico de ambos es tal, y está rodeado de características que, en conjunto, representan cartas de triunfo casi excluyentes para los aurinegros, hasta con independencia del apunte estadístico que establece que, con los 5 goles que lleva anotados Pacheco y los 4 que ha metido Bueno, entre los dos hayan convertido el 38% de los 26 que Peñarol hizo en el Torneo Apertura.
Concretamente, con Antonio Pacheco el equipo aurinegro tiene inteligencia en el armado; creatividad en el manejo; precisión y profundidad en los pases y los cambios de frente; técnica y clase, tanto para rematar las pelotas quietas como darle peligrosidad a los centros y los corners; y también temple, fuerza espiritual, por más que en el caso del "Tony" no sea un atributo que se exprese a través de un tipo de manifestaciones que le hagan explotar los poros.
Con Carlos Bueno, mientras tanto, el cuadro que dirige Mario Saralegui tiene fuerza en el arranque y en la llegada; potencia de arriba y por abajo, tanto para llevarse a la rastra como para anticipar a los defensores; la contundencia típica de los goleadores; y un temperamento con el que, a veces, hasta perturba y descoloca a sus marcadores.
Atención, el artiguense no pasa por su mejor momento. Y, en cierta medida, algo relativamente similar puede afirmarse del "Tony", pese a que en más de un partido del actual Torneo Apertura la antorcha de sus genialidades o meras inspiraciones hayan iluminado a Peñarol cuando todo hacía suponer que "se venía la noche".
Es más, el tipo de funcionamiento que generalmente ha caracterizado a Peñarol, determinó que Bueno haya carecido casi siempre de quien llegue al fondo de la cancha, desborde y capitalice sus posibilidades -físicas y futbolísticas- para llegar a definir por el medio como tromba.
Por otra parte, la ausencia de Omar Pérez puede obligar a Pacheco a tener que trabajar más para el equipo, en zona de volantes, con lo que pierde frescura física y mental para desdoblarse desde tres cuartos de cancha hacia adelante después que se hace de la pelota, como ya ha ocurrido en partidos anteriores en los que se planteó esta misma situación de la falta del "Loco", y donde el "Tony" estuvo atareado con la estratégica función de tener que darle balance al conjunto, en lugar de ocuparse únicamente de desplegar ofensivamente lo mejor de su fútbol.
El tema, sin embargo, es que lo que hay por delante es un clásico. Entonces, ellos "son Peñarol". Como nunca. O más que nunca. Complementándose o cada cual en la suya. Lo que no es poco. Al fin y al cabo, está latente el recuerdo de las actuaciones desequilibrantes que -junto al "Pollo" Ruben Olivera- ambos tuvieron en el encuentro que Peñarol le ganó a Nacional por 4 a 2 en el último Torneo Clausura. Sí, cada partido es una historia diferente; pero es que, tratándose de enfrentamientos con el tradicional rival, "Charly Good" y el "Tony" son, justamente, una historia dentro de la otra.
POTENCIA
No tiene el perfil del goleador clásico: "pescador", oportunista, "ventajero" de situaciones propicias o, incluso, "entreveros" cerca del arco contrario. Sin embargo, es eso: goleador; cierto, no pasa por su mejor momento, no viene en racha, ni siquiera luce físicamente exhuberante, algo que últimamente le restó posibilidades de ser desequilibrante, pero -si no se pasa para el otro lado- tiene ese fuego interior que, como en el clásico del Torneo Clausura, puede volverlo ganador y arrollador ante el intento de controlarlo por parte de sus rivales.
CLASE
Siempre aparece. Mucho o poco, pero no hay partido en el que no haga algo que en materia creativa, ofensiva, no sea destacable. No provoca, tampoco genera odios en los rivales y, a su manera, a su ritmo, dentro de sus posibilidades, deja el alma en la cancha. Aunque es todo técnica, su entrega física es admirable. Además, sin caer en exabruptos, sin perder la línea, siempre jugando, su personalidad -a través del manejo de la pelota- es inquebrantable. De ahí su idilio eterno con la hinchada. Todo eso se resume en una sola palabra: clase.
38% de los goles que hizo Peñarol en el Torneo Apertura fueron de Pacheco (5) y Bueno (4).
2 goles hicieron en el clásico del Torneo Clausura: Pacheco metió el 1° y Bueno el 3°.
10 puntos mereció la gestión de Bueno para Ovación en el clásico del Torneo Clausura.
7 puntos mereció la actuación de Pacheco para Ovación en el clásico del Torneo Clausura.
Ovación digital
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