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Enfoque por Edward Piñón
La Celeste de ayer. La de hoy. Más que nunca la de hoy. Es la de siempre. La que nunca debió irse. Regresó.
La Celeste que nos enseñó que su sola presencia imponía respeto. La que se plantaba en la cancha con actitud, con prestancia. La que impedía que los rivales jugaran cómodos.
La Celeste que abrazamos desde los cuentos de nuestros viejos. Porque los muchachos de antes eran "guerreros". La Celeste que nos obligó a acampar en los alrededores del Centenario para poder tener una entrada. La que nos obligó a quedarnos en el estadio aunque cayeran litros de agua desde el cielo. La Celeste de mis abuelos. La que quiero con devoción. La de ayer. La de hoy. Sí, más que nunca la de hoy.
La Celeste del "Pistolero" Suárez, ese que no perdona ni cuando le queda una bala sola. La del "Palito" Pereira, que juega de lateral, de volante, de nueve. La del "Mono" que deja zurcos en la cancha. La del "Cacha", la del "Mota", la del imponente Coates.
Esta Celeste, la de toda la vida, regresó.
Ovación digital
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