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SOY CELESTE por Edward Piñón
El maestro usó un modelo campeón
Como todo en el fútbol, hay opiniones divididas. Quizás, vistas ahora mayor cantidad de cartas, sean menos los que se agrupen en el rincón opositor a la decisión que tomó el maestro Óscar Tabárez.
A ver, para no darle más vueltas al asunto: cuando el entrenador de Uruguay rechazó jugar amistosos y se negó a instalarse en Europa para realizar ahí la preparación previa llovieron los reclamos.
Y algunas voces se pusieron bien ácidas. Que no se iba a tener ritmo, que el equipo perdía la posibilidad de ganar en rodaje, que las pruebas había que efectuarlas en amistosos de alto vuelo internacional y bla bla bla bla. Sin embargo, con el paso de las horas, después de comprobar como se fueron bajando del Mundial figuras importantes, como están pagando caro las idas y venidas de un aeropuerto a otro muchas selecciones ya son menos los que creen que Tabárez le erró feo a su plan.
Ojo, el maestro utilizó la experiencia que había logrado en su anterior participación mundialista y también una que le dio muchísimo resultado al Brasil campeón del Mundo en 1994. Lo que, por cierto, habla muy bien de él, porque aprendió de lo vivido y no quiso quemarse dos veces con leche.
En el Mundial puede pasar cualquier cosa, porque todos saben que en un partido de fútbol hay infinidad de factores que pueden inclinar la balanza para un lado. Una roja, un penal, un error humano, una mala definición y se caen las ilusiones, pero lo que está bien nítido es que Tabárez organizó un plan en el que procuró minimizar al máximo los perjuicios que se pueden sufrir por factores externos.
Ovación digital
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