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El viaje desde Puerto Ordaz a Maturín fue una aventura peligrosaUn diluvio recibió a Uruguay
MATURÍN | DANIEL ROSA
Un verdadero diluvio mientras brillaba el sol recibió a la delegación uruguaya en esta ciudad. Precisamente por las constantes lluvias tropicales que se presentaron en el camino el trayecto demoró más de lo esperado. Estaba previsto el arribo para las 16 horas, pero la llegada al hotel CCP -flamante y rodeado de centros comerciales a unos 10 minutos del centro-, se produjo 45 minutos más tarde.
Luego de un trabajo regenerativo en el cuarto piso del Hotel Rasil, todavía en Puerto Ordaz, y también de un rato de piscina, los chicos celestes almorzaron y subieron al ómnibus que los transportó pasadas las 13.15. Había 207 kilómetros por delante, según el cartel señalizador que apareció apenas se produjo el ingreso a la ruta. Se dejó Puerto Ordaz para ingresar al municipio de Bolívar y allí el cielo comenzó a convertirse en plomizo.
A esa altura el paisaje regaló su primera imagen atractiva: el puente Orinoquio, sobre el río Orinoco, que une Bolívar con Anzoátegui. "Este puente se lo debemos al presidente Chávez, pues antes teníamos que pasar el río en una chalana. El cruce demoraba media hora, pero a veces había que hacer una o dos horas de cola", cuenta Norberto, el chofer del taxi. El puente es hermoso, similar al De las Américas que se encuentra en el límite de Montevideo con Canelones.
Apenas se cruzó el río comenzó la lluvia. Fina, pero abundante. Eso dejó la carretera resbalosa, añadiendo un riesgo extra al tránsito.
Sin embargo, más que lo jabonoso del piso la preocupación mayor venía de frente.
El camino era angosto y aquí los venezolanos no se andan con chiquitas. Cuando van a rebasar a otro vehículo no toman la distancia justa, sino que se abren hasta ocupar la totalidad del otro carril y se mandan.
La lluvia se hizo intermitente, con lo llamativo que es para alguien del Sur ver cómo cae a cántaros y que en cinco minutos el cielo quede nuevamente celeste. Pero el gran diluvio esperaba en Maturín. Apenas se ingresó al estado de Monagas no se vio más el sol, al menos hasta que se llegó al hotel, donde llovió copiosamente mientras el astro rey brillaba con todo, generando un calor sofocante que subía desde el pavimento.
Donato Rivas y Enrique Moreira, los encargados de la delegación uruguaya, habían llegado hacía una hora y media al hotel de Maturín y todavía no habían podido ingresar a sus habitaciones. "Menos mal que vinimos con tiempo. Tuve que hacer el papeleo tres veces porque siempre se equivocaban en algo", relató Moreira, ya a esa altura visiblemente molesto.
Uruguay ya llegó a Maturín y por la noche entrenó en el estadio Monumental, donde se jugará el partido de hoy frente a los colombianos.
Los chicos trajeron hasta aquí su sueño algo machucado de ser campeones y saben muy bien que ganar es vital. Pero el ánimo está en alza. El viaje recompuso las heridas del debut en este hexagonal final del Sudamericano.
Ovación digital
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