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CLAUSURA | victoria aurinegra por 1 a 0
EDWARD PIÑÓN
Cuando una hinchada abuchea los tres cambios que realiza su técnico. Cuando queda por el camino el amor por un ídolo, como quedó en evidencia con las silbatinas que se llevó Carlos Bueno. Cuando el grito más encendido de la tarde, que nació de los más rabiosos fanáticos de la Ámsterdam, clamó: "este Clausura lo tenemos que ganar". No quedan dudas que lo que pasó en la cancha dejó insatisfechos a los aficionados.
Es cierto, Peñarol tiene por delante muchas finales y ayer ya se sacó una de arriba. Eso, a no dudarlo, tiene valor matemático. De la misma forma que debe tenerse en cuenta que todavía no está aceitado el trabajo del nuevo entrenador. Empero, ni los que van a la tribuna son ciegos, ni los que se quedan en casa mirando por televisión se quedaron con la pantalla en negro.
Entonces, ahí, no queda otra que concluir que Peñarol está lejos, pero muy lejos del nivel que se espera de un equipo grande que aspira a conquistar un campeonato. Ayer, por encima de la automatización que buscará Ribas en los entrenamientos, Peñarol falló en el control de la pelota, en la elaboración y también en el ritmo que debía darle al partido.
Ante Wanderers, un conjunto que se presentó en escena con muchos actores de reparto pero sin ninguna estrella que se robara el papel protagónico en el área adversaria, por lo cual a su obra le faltó acción y buen final, Peñarol consiguió la mínima ventaja por un pequeño pique que metió Bueno, después de un rebote, que terminó con la pena máxima que aprovechó Antonio Pacheco.
Sin desconocer el tiro libre que metió en el ángulo Richard Núñez, lo del carbonero fue anodino. Demasiado anunciado. Y tremendamente irritante cuando a Bueno, al propio Núñez o a "Petete" Correa los pusieron en las puertas del área.
Faltó audacia. Decisión. Más voluntad para ganar en el uno contra uno y también velocidad.
Lo mejor del aurinegro fue la recuperación de Gonzalo De los Santos, la insinuación de que Braian Rodríguez va a colaborar bastante para fortalecer el ataque y las proyección que hizo Asconeguy por la franja derecha, pero eso es poquito.
Por otra parte, no puede desconocerse que sobre el final del partido, el cielo pudo quedar más negro que las nubes que aparecían desde el este.
Cuando el pelotazo se metió entre los zagueros aurinegros y al habilidoso Maximiliano Rodríguez le quedó la pelota picando en el área, más de un corazón se congeló por varios segundos. Menos mal que Sebastián Sosa demostró las razones por las cuales se quedó con el número uno, porque si no la jornada pudo terminar tan duramente como las que frustraron otros sueños.
Peñarol ganó. Que es lo mismo que decir: cumplió. Hizo lo de la tapa del libro. Pero le faltan varios capítulos y para terminarlo va a tener que mejorar mucho.
Volvió el patrón del mediocampo. Manejó a todo el equipo.
Fue el más creativo de todos. El que mejor preparó las jugadas.
Ovación digital
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