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JUEGO DE COPAS por Jorge Savia
Argentina ahora, no está todo bien
La mañana de la final de la Copa América del 99, Enrique Yanuzzi comentó en Asunción: "En una final, dame siempre a Brasil".
Sin saber que horas después el partido saldría 3 a 0 y los celestes serían vicecampeones, la respuesta de uno fue: "No, `Quique`, antes que a Ronaldo y Rivaldo, ¡preferible uno más bollo!"
Lo mismo pasa ahora. Cierto, Argentina no anda, ni es un "cuco" y, al tiempo que este Uruguay es más que el del 99, "ellos" -por lo hecho hasta hoy- son menos que el Brasil de entonces.
Sin embargo, para empezar, no es el rival "políticamente correcto", sobre todo en cuartos; porque si bien en esta instancia es mayor la presión para los locales por la posibilidad de una eliminación prematura, las consecuencias de una derrota argentina en una final, por ejemplo, para el desarrollo de la Copa serían menores. Quizá por eso, si acaso, el árbitro es Amarilla -reconocido como localista- y no el representante referil de la tercera potencia: el brasileño Fagundes.
Además, es como dijo Tabárez un día en Sudáfrica, que "el campeón no necesariamente es el mejor, sino el que en 7 partidos llega más alto"; porque es mentira aquello de que "para salir campeón hay que ganarle a todos": importa cuándo y con qué rivales son los cruces. En el Mundial no era igual jugar en cuartos con Ghana, como lo hizo Uruguay, que como le tocó a Paraguay, contra el posterior campeón del mundo.
Basta con pensar que si Uruguay le hubiese ganado a Chile, hoy jugaría con Venezuela; que no es lo mismo que Argentina, por más que -como insisten los argentinos- Messi no es el del Barcelona.
Ovación digital
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