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ENFOQUE por Edward Piñón
Algún poeta supo escribir que el amor maduro y sincero no duele, seguro que nunca tuvo en cuenta lo que podía pasar en una cancha de fútbol. Y mucho menos cuando se entrega tanto amor a un ídolo que reconfortó el alma carbonera con sus gritos de gol y, sobre todo, con su fabulosa identificación con la camiseta amarilla y negra.
Debió ser la tarde más maravillosa de todas. Uno de esos días para evocar con alegría porque se concretó el sueño de la gente y del "Tony". Y venía de fiesta. De romance y lágrimas de emoción. Pero terminó mal. Con lágrimas, sí, dolor en el pecho y lágrimas de tristeza.
Ni el "Tony" ni su gente se merecían un desenlace tan cruel. Verlo tirado en el césped y con la pierna fracturada generó una amargura profunda.
En el corazón aurinegro dejó una huella muy grande, porque todos saben que más se quiere, más se sufre.
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