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VENEZUELA
PUERTO LA CRUZ | DANIEL ROSA
"Al que adivine el equipo le pago un palo verde". Eran las 11.45 y Diego Aguirre se iba de la pileta, donde había estado conversando con el sicólogo Gabriel Gutiérrez, cuando se cruzó con los periodistas y tiró la frase. Dejaba en claro dos cosas: no iba a dar la formación hasta 15 minutos antes de empezado el partido y tenía guardada alguna sorpresa.
Lo único seguro era la presencia de Martín Rodríguez, ya que Nicola Pérez no estaba en condiciones de jugar debido al golpe que sufrió en el encuentro frente a los colombianos. El resto era una incógnita que había sido imposible develar porque la noche anterior, cuando Uruguay concurrió al estadio "José Antonio Anzoátegui" para realizar el reconocimiento del campo de juego, no tuvo oportunidad de parar la oncena y ni siquiera de practicar.
SIN "TACOS". Los uruguayos ingresaron al campo de juego a realizar el entrenamiento y apenas pisaron la cancha llegó corriendo un funcionario del comité organizador y les dijo que el compromiso que habían asumido era de hacer un reconocimiento del campo de juego, lo que suponía entrar con zapatos con suela de goma y no con tacos, como le llaman aquí a los tapones. Su desesperación surgió porque vio que los futbolistas estaban con zapatos de fútbol, los que podían usar cuanto quisieran en el campo de jugo alterno del complejo, ubicado detrás de lo que sería la tribuna Amsterdam del estadio Centenario. Allí, las torres de luz estaban encendidas esperando a los celestes.
Pasaron algunos minutos, los futbolistas terminaron de escuchar una charla técnica que dio Aguirre en el centro del campo, se pararon y comenzaron a hacer los ejercicios de calentamiento con pelota.
A OSCURAS. Cuando el funcionario vio esto, desapareció sigilosamente y bajó la llave de la luz y Uruguay quedó a oscuras. La delegación tomó sus cosas y se marchó hacia donde debía entrenar, pero allí también estaban apagadas las luces y, pese a que se buscó a algún responsable del complejo para que las encendiera, ninguno apareció. ¿Guerra fría?
Fernando Piñatares, preparador físico de los celestes que había hecho mover a los futbolistas un rato antes en el hotel, era el más molesto de todos, pero Aguirre, carpeta en mano, no se alarmó en lo más mínimo. "Nada va a sacarnos del objetivo que tenemos, profe, así que tranquilo".
Uruguay no tuvo más remedio que subirse al ómnibus y retornar al hotel sin poder entrenar. La viveza criolla de anunciar que en 10 minutos se terminaba la práctica y así estirarla un poco más, esta vez no funcionó y se pagó el precio de no entrenar la noche previa al clásico rioplatense.
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